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No todo lo que transforma se puede medir. Pero sí se puede evaluar

En el mundo del capital humano, hablar solo de ROI puede ser quedarse corto. Claro que es importante saber si una actividad con nuestros colaboradores tuvo un retorno claro sobre la inversión… pero ¿y si el verdadero valor está en lo que no entra en el Excel?.

Muchas veces, el impacto real de una experiencia está en lo que sucede después: conversaciones que antes no ocurrían, puentes entre áreas que no se hablaban, una atmósfera de confianza que empieza a emerger.

Para evaluar ese tipo de transformación, hace falta ampliar la mirada e incorporar dos dimensiones clave:

ROO – Return on Objectives: ¿Se cumplieron los objetivos estratégicos o humanos de la experiencia? ¿Se fortaleció la cohesión? ¿Se mejoró la comunicación? ¿Se alinearon valores y propósitos?

ROE – Return on Emotions: ¿Qué se vivió? ¿Qué se sintió? ¿Qué se recuerda? Porque las emociones son el vehículo más potente para el aprendizaje y el cambio sostenible.

ROI, ROO y ROE no compiten. Se complementan. Y en el contexto actual, donde las relaciones humanas definen el éxito de los equipos, medir solo lo que es medible ya no es suficiente.